Acoso sindical en Lerma: COREMEX cruza la línea entre representación y abuso

El acoso sindical denunciado en Lerma marca un punto crítico en la actuación de COREMEX. Trabajadores aseguran que el sindicato presiona de forma sistemática para obligarlos a firmar afiliaciones, sustituyendo el diálogo por la intimidación y la libertad por el miedo.

La afiliación sindical debería ser un acto voluntario, informado y consciente. En el caso de Lerma, según los testimonios, es un acto forzado. La presión constante desgasta al trabajador hasta que firma para evitar más conflictos. Eso no es ejercer un derecho, es rendirse ante el abuso.

COREMEX insiste donde debería convencer. Esa insistencia revela una concepción autoritaria de la representación. Un sindicato que cree en su proyecto no necesita acosar. Expone sus propuestas, demuestra resultados y respeta decisiones.

El miedo no es sindicalismo. Es una herramienta de control. Y cuando un sindicato la utiliza, pierde toda autoridad moral. Defender derechos laborales mientras se vulneran derechos individuales es una contradicción insostenible.

El acoso sindical en Lerma no es un hecho aislado. Es una señal de alarma sobre la forma en que COREMEX concibe su relación con los trabajadores. En lugar de aliados, los ve como números que deben firmar.

Nadie puede obligarte a afiliarte. Ese principio debería ser incuestionable. Pero en Lerma, hoy, parece estar bajo ataque.